ABCdario / NACIÓN GUAYCURA

Por Víctor Octavio García

  • Los Llanos de Kakiwui

 

Cada vez que voy a Los Llanos de Kakiwui no hago otra cosa más que comer y dormir, allá no hay radio ni periódicos pero si mucho que platicar durante las noches estrelladas que corre viento templado –así sea en tiempo de calor o de frío– de los pronunciados cañones sobre la inmensidad de Los Llanos; el balar de las chivas y la borregada, el relinchar de los caballos y el canto de los grillos –grillos, no políticos– rompen la monotonía de un día cualquiera; gente maravillosa, gente nuestra que en medio de sus ancestrales limitaciones, son felices.

Levantarse en la mañana antes de “clarear” el día, servirse un vaso de café recién colado y ponérselo en la teta a una chiva o vaca hasta que levante espuma, es un placer, una enorme dicha que solo se disfruta cuando tus orígenes son de rancho como es el común denominador de los sudcalifornianos; nuestro origen no se explica sin la existencia del rancho; las naciones pericú, guaycura y cochimí se forjaron en el rancho.

Comer a medio día, comer con harta hambre, se disfruta más así sea un plato de frijoles con arroz o un pedazo de carne tendido sobre la parrilla, todo sabe bueno, y qué decir de las tortillas de harina recién salidas del comal acompañadas de un pedazo de queso, mejor, pero más allá de esos gustos triviales lo que más disfruto es la soledad, la tranquilidad que me permite ordenar mis pensamientos y replantear mi agenda; para mí el rancho no significa un modismo mucho menos un hobby, sino una necesidad vital que me brinda la oportunidad de rencontrarme conmigo mismo.

Cada vez que voy me encuentro con alguna novedad, y este fin de semana no fue la excepción; un cráneo humano encontrado en una cueva donde estaban extrayendo guano y un mapache recién “pillado” en unas matas de dátiles, el mapache me lo regalaron pero no quise traérmelo hasta que esté amansado o bien lo dejen en libertad, precioso animalito que a mi hija Mayra le encantó, ahora pienso distinto que cuando tenía veinte años menos, soy la idea que lo suelten, que lo dejen libre, en cuanto al cráneo presumiblemente de indio, celebro que lo hayan enterrado donde lo encontraron y les sugerí que a nadie le digan donde fue el hallazgo; el INAH no es confiable y tengo mis dudas de que exista, López Obrador está acabando con todo, incluso con nuestro país.

Este año no llovió y la situación se torna extremadamente difícil para Fernando León y Jorge Amador, jefes de las dos familias que habitan cientos de hectáreas en Los Llanos de kakiwui, zona natural de recarga del acuífero que alimenta un sinnúmeros de ojos de agua que mantienen con vida una serie de comunidades y ranchos asentados sobre las faldas de los cañones y en las riberas de los arroyos como El Tunalito, Las Banderitas, La Angostura, Santa Rita, Matancitas, Toris, El Muro, Cantarana, El Guamuchil, El Cirguelo y La Tinaja de Orantes, entre otros.

Tampoco hubo cauques (langostinos) por la escases de lluvias, las pozas de agua dulce aún mantienen buen espejo de agua pero no hay cauques, así que este años no comí los sabrosos  cauques o langostinos que se dan en esa privilegiada zona del estado, la producción de queso de chiva también se redujo enormemente por falta de pastizales, en una pequeña zona donde todavía está verde el monte llovió un poco más que va del Cirguelo a Cantarana, que coincide donde la brecha está en malas condiciones, malísima, ojalá que Rubén Muñoz mandara una maquina a raspar el camino.

Las chivas sigue su ciclo y en plena época de secas están pariendo, los dos días que visite a Jorge en su rancho le parieron 16 chivas en los corrales del rancho y otras tantas en el monte que hay que ir por ellas y las crías antes de que se las coman los coyotes y los “liones” (pumas), así que todos los días ensillar un par de mulas para ir a “campearlas” y arrearlas pal rancho, no hay nada que “basureen” (pasto) en el monte y la paca de alfalfa ronda los 120 pesos el bulto y 290 pesos el saco de concentrado, por suerte todavía queda un poco de agua en La Cueva donde toman agua los animales quizás para 15 o 20 días más, de allí pa’ el real tendrán que “arrearlas” hasta el Tunalito o Las Banderitas, los ranchos más cercanos donde hay agua distantes de Los Llanos a 12 y 15 kilómetros respectivamente, antes conseguían avíos (créditos) para comprar forrajes, hoy no consiguen ni un vaso de agua.

En los años cincuenta y bien entrada la década de 1960, el buen Porfirio Amador Higuera –hoy sin poder caminar producto de una caída y de los efectos devastadores e irreversibles de dos embolias– arreaba los chinchorros de chivas al agua –hasta 800 cabezas– todos los días desde Los Llanos de Kakiwui hasta Las Banderitas cruzando el famoso cañón de la “Panza Prieta”, hábitat natural de criadero y guarida de “liones” (pumas); cosa curiosa siendo ranchero de nacencia nunca montó a caballo, siempre a pie, según me platicó y me han confiado sus familiares; sesenta años después de aquellas odiseas de arrear las chivas a tomar agua todos los días desde Los Llanos hasta Las Banderitas está por repetirse o bien, improvisar “cambiaderos” ante la amenazante sequía que tienen de frente. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a [email protected]

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