ABCdario / NI DERECHA NI IZQUIERDA

Por Víctor Octavio García

 

Siempre he sostenido que en política los extremos no son buenos –ni en ningún otro quehacer de la vida cotidiana–, creo y me inclinó por una posición centro progresista, ni de izquierda ni de derecha, algo así como una tercera vía como la llaman los europeos; ni capitalismo salvaje ni socialismo avasallante.

En nuestro país cada tres y seis años nacen nuevos partidos sin idea del papel que jugarán ante y de frente a la sociedad, entienden y por eso surgen que su función es ser marionetas, bisagra o comparsa de los partidos políticos grandes o de aquellos partidos con mayor rentabilidad electoral sin que al electorado le dejen opciones o salidas de escape; la polarización política no ha llevado a un callejón sin salida, o eres de derecha o eres de izquierda, no hay término medio. Triste realidad.

Recuerdo en mis años de preparatoria cuándo leí sin entender el libro de Nietzsche “Así habló Zaratustra” y el “Lobo estepario” de Hermann Hesse, el canciller alemán Willy Brandt ofrecía lecciones al mundo desde una Alemania dividida de que era absolutamente posible gobernar y procurar bienestar a la sociedad sin necesidad de llegar a los extremos; el viejo Willy Brandt sabía porque lo decía y porque lo decía, la incesante persecución que sufrió por parte de los nazis durante la segunda guerra mundial lo obligó a refugiarse en el centro progresista tal como lo hizo Francisco Mitterrand por esas mismas fechas.

En nuestro incomprendido país baste recordar la célebre la repuesta que dio el presidente Adolfo López Mateos a un puñado de periodistas cuando le preguntaron con qué “ala” ideológica del partido (PRI) se identificaba, contesto; “ni de izquierda ni de derecha, centro progresista dentro de la revolución”, tiempos en que el otrora partido de las mayorías o hegemónico estaba adherido a los partidos progresistas de Europa y América; tiempos del nacional-socialismo y la caída del muro de Berlin; llega Miguel de La Madrid con un fuerte tufo neoliberal y el país se pierde como se perdió el partido (PRI) que había abanderado las causas más sentidas y justas de los mexicanos, con el último presidente de esa horneada de neoliberales privatizadores (Enrique Peña Nieto) vino a dar pie para oír expresiones tan disparatadas como las que escuchaban en la década de los 60 y 70 de “todo el poder al pueblo” y “hasta la victoria siempre”.

Lo que el país demanda es unidad no consignas, trabajar las coincidencias y dejar de lado los extremos, la polarización no hace más que reeditar lo peor del pasado en el seno de una clase política en franca  decadencia con graves manifestaciones de descomposición social y política, hoy cuando los que han violentado la ley piden que desaparezcan las instituciones cualquier gobernador se entiende con la cosa nostra (narcotráfico) y cualquier violador quiere ser gobernador; ver y escuchar los noticieros muestran justo ese lado que la política no ha atendido desatendiéndose de una sociedad agraviada a punto de implosionar; quema de edificios públicos, marchas todo los días, agresiones contra el presidente, bloqueo de carreteras, ejecuciones masivas etc., dibujan el tamaño del descontento social, las verdaderas crestas de la insatisfacción social a punto de estallar, hoy cuando me levanto me pregunto dónde y cuándo comenzarán las asonadas, el levantamiento social ante el mutismo de los políticos que no tienden puentes ni buscan salidas para darle escape al reclamo social, un reclamo que no responde a colores partidistas, ideológicos ni a intereses  políticos ni económicos, sino una clara manifestación de insatisfacción y descontento social que crece día con día, las contradicciones se han agudizado y aun así siguen estirando la liga, si bien ganaron una elección y la ganaron bien, más no una revolución, el país no demanda reformas sino resultados, satisfactores, apertura, libertades, inclusión y trabajar las coincidencias dentro las divergencias, no polarizaciones ni posiciones encontradas mucho menos extremas. ¡Échense ese trompo a la uña!

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