EN MI OPINIÓN / LA AMBICIÓN ROMPIÓ EL SACO

Por Arturo Rubio Ruiz

 

Cuenta la vieja fábula mitológica, que un mendigo iba pidiendo limosna, portando unas alforjas vacías. Se lamentaba de su suerte y de que los ricos nunca estaban satisfechos: “¡Cada vez quieren más y más dinero!

En cambio yo, me conformaría con lo necesario para comer y vestir.”

En aquel instante, La diosa FORTUNA, se detuvo a su lado y le dijo:

“He escuchado tus lamentos y deseo ayudarte. Abre tus alforjas para recibir el oro que voy a regalarte. Todas las monedas que caigan en las alforjas serán para ti; pero las que caigan en el suelo, se convertirán en polvo, ¿Entiendes?”

¡Si, si! dijo el mendigo.

Rápidamente abrió sus alforjas, y en ellas cayó un torrente de monedas de oro.

Las alforjas quedaron repletas.

¿Suficiente? preguntó la FORTUNA

¡Todavía no!

¿No temes que se rompan?

No, no, no se rompen ¡Aun caben más!

ya eres el hombre más rico del mundo, dijo la FORTUNA.

¡Unas pocas más!

cayeron unas pocas más y ……las alforjas se reventaron, el tesoro se vino a tierra, y las monedas se convirtieron en polvo.

La diosa FORTUNA se fue, y el mendigo quedó frustrado, inconsolable, y más pobre que antes.

El cuento viene a colación, porque un político local, por ambicioso, acaba de perder prácticamente una posición de privilegio, que lo colocaba, según sus propias predicciones, en la antesala de la gubernatura estatal en los comicios del 2027

Ubicado en la primera posición de las listas plurinominales de su partido, la diputación federal la tenía en la bolsa. Solo tenía que esperar y el cargo era suyo, con todas las canonjías de que gozan los diputados federales.

Pero… pudo más la ambición y el compromiso contraído con un grupo de empresarios desarrolladores, así que,- para favorecerlos-, presidió una sesión de cabildo municipal, el pasado 25 de marzo, ,y al hacerlo, realizó un acto de autoridad, rompiendo así el veto de 90 días de separación definitiva del encargo, que impone la fracción cuarta del artículo 55 Constitucional, y por ello, EN AUTOMÁTICO, pierde el derecho electoral pasivo, es decir, el derecho a participar como candidato en una elección federal de diputados.

No cabe duda. La parábola sigue vigente:

LA AMBICIÓN ROMPIÓ EL SACO.

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