FACTOR POLÍTICO / LA MARCA NO HACE MILAGROS


Por Luis Miguel Aragón

 

Las elecciones intermedias de 2027 representan un punto de quiebre para el gobierno de la presidenta  Claudia Sheinbaum Pardo. Más allá de las gubernaturas y las alcaldías, la prioridad estará  en la Cámara de Diputados, donde se renovarán los 500 escaños: 300 por mayoría relativa y200 por representación proporcional.

El objetivo de Morena y sus aliados es conservar la mayoría calificada, equivalente a 334 votos, para mantener el control de las reformas constitucionales durante la segunda mitad   del sexenio.

Y eso no es poca cosa, porque de conseguirlo, el bloque gobernante tendría margen para seguir  impulsando cambios a la Constitución sin necesidad de negociar con la oposición.  En pocas palabras, mantener el control del tablero político y legislativo.

Pero la elección no se trata únicamente de conservar el poder. También será una evaluación ciudadana de los primeros tres años de gobierno de la presidenta Sheinbaum, donde la seguridad, la economía y los servicios públicos pesarán en las urnas. Ahí es donde los resultados, o la falta de ellos, pueden pasar factura.

En Baja California Sur, sin embargo, Morena parece que no ha dimensionado lo que está en juego o de plano no hubo mucho de dónde escoger a la hora de aceptar perfiles que representen trabajo y resultados.

Basta revisar los nombres de quienes se registraron como aspirantes a las diputaciones federales por este partido. Por el Distrito 01 aparecen El Tano Pérez, Sergio Guluarte y Pavel Castro; mientras que por el Distrito 02 están Alberto Rentería y Martín Salinas. Este último merece una consideración aparte, pues su trayectoria no necesariamente encaja en el mismo juicio que se hace del resto.

El problema es que varios de estos personajes tienen cuentas pendientes con la ciudadanía, en las responsabilidades públicas que han ocupado, los resultados no parecen estar a la altura de las expectativas. Hay poco que presumir y mucho que explicar. Y eso debería       encender las alertas dentro del partido, sobre todo entre quienes tienen la responsabilidad de responder ante la presidenta.

Porque una cosa es tener derecho a levantar la mano y otra muy distinta contar con el respaldo ciudadano para competir y ganar. La cercanía con el partido, los acuerdos internos y las aspiraciones personales no sustituyen el trabajo ni garantizan votos.

Y ahí está el riesgo: confiarse en las siglas y olvidar que, al momento de votar, los ciudadanos también evalúan a las personas. Un partido puede llegar con ventaja a la contienda, pero una mala selección de candidatos puede terminar por abrirle la puerta a sus adversarios.

Además, para la Cuarta Transformación no todo se resolverá frente a la oposición. La disputa también estará dentro de la propia alianza, donde Morena, el Partido Verde y el PT buscarán asegurar su peso político y sus espacios en la Cámara de Diputados.

El problema para Morena es que no basta con tener la marca, la estructura y las encuestas a favor. Si sus candidatos no convencen y sus antecedentes pesan más que sus propuestas, la elección de 2027 podría demostrar que hasta el partido más fuerte puede tropezar con sus   propias decisiones.