Por Luis Miguel Aragón
El arranque del relanzamiento de la campaña nacional de afiliación del Partido del Trabajo (PT) se convirtió en el escenario preciso para que Christian Agúndez Gómez dejara en claro el distanciamiento entre la franquicia política del profesor Alberto Anaya y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), al menos en Baja California Sur.
El alcalde de Los Cabos pidió a los presentes que levantaran la mano quienes pertenecieran al PT. La respuesta era previsible: todos lo hicieron. Sin embargo, para subrayar su postura, lanzó una segunda pregunta: “¿Quiénes son de Morena?”. Nadie se atrevió siquiera a pestañear. Remató con ironía: “Entonces se puede hablar en confianza”.
En este evento, denominado relanzamiento de la campaña de afiliación, se presentó la alineación principal del partido de la estrella amarilla, encabezada por el ingeniero Narciso Agúndez, el diputado federal Luis Armando Díaz, el legislador local Fernando Hoyos y el propio aspirante a la gubernatura, Christian Agúndez, entre otros.
No eran pocos, pero tampoco los suficientes para causar miedo a sus adversarios. Habrá que observar si el PT logra capitalizar el descontento de sectores que hoy se muestran cansados de Morena, o si estos optan por regresar al PAN o explorar la opción de Movimiento Ciudadano.
Hasta ahora, los petistas se han mostrado combativos: valientes, retadores, incluso desafiantes. A nivel nacional, ya han rechazado en dos ocasiones propuestas impulsadas por la presidenta Claudia Sheinbaum, particularmente en materia de reforma electoral. Queda por verse también el futuro de proyectos emblemáticos vinculados a su estructura, como los CENDIS promovidos por Guadalupe Rodríguez, esposa del jefe Anaya, así como sus escuelas preparatorias en Michoacán y la clínica que instalaron en Monterrey, Nuevo León.
Se aproximan tiempos decisivos. La relación al interior de la llamada Cuarta Transformación dista de ser tersa. En los hechos, al PT no se le observa con ánimo de operar políticamente a favor de Morena. ¿Tienen estructura para competir? Sí. ¿Les alcanza para ganar en solitario? Difícilmente. De un escenario amplio, sus probabilidades serían marginales, y la gubernatura no parece estar en ese margen.
En política, las señales importan más que los discursos. Y hoy, el mensaje del PT en Baja California Sur es claro: la alianza no está rota en el papel, pero sí en los hechos. Falta ver si Morena logra recomponer o si, como suele suceder, las fracturas internas terminan definiendo el rumbo electoral. Porque cuando los aliados dejan de caminar juntos, la contienda deja de ser contra el adversario… y comienza a librarse en casa.

