Por Luis Miguel Aragón
La participación o incluso la organización de Gaby Montoya, diputada local del PT, en un evento político encabezado por la alcaldesa de La Paz, Milena Quiroga, en el municipio de Los Cabos, generó un fuerte malestar entre militantes de la franquicia del “profe” Alberto Anaya.
En el encuentro titulado “Las Mujeres en la Cuarta Transformación”, tanto la alcaldesa como la legisladora no solo coincidieron en el escenario, sino que al final se levantaron la mano y sellaron el acto con un abrazo. El evento, sirvió para destacar el juego político entre Milena Quiroga y Christian Agundez, alcalde de Los Cabos, en el que abundan los desencuentros: operadores que cambian de bando, territorios que se disputan y rivalidades que escalan más allá de lo institucional.
En ese tablero, Gaby Montoya no parece moverse por lealtades rígidas. No hace falta ser adivino para entender que estará donde encuentre mejores condiciones políticas: donde se le otorgue espacio, reconocimiento y proyección. Si dentro del PT enfrenta resistencias, resulta natural que busque cobijo en Morena, particularmente en la figura de la alcaldesa paceña.
La reacción de su partido no se ha hecho esperar. Ya se advierte que su caso podría ser turnado a la Comisión Ejecutiva Nacional, instancia que determinaría si continúa al frente de la coordinación parlamentaria del PT en el Congreso local o si, en los hechos, se le abre la puerta de salida.
Con este contexto, la posibilidad de una alianza sólida entre PT y Morena rumbo a 2027 luce cada vez más lejana. Dentro del petismo, son pocas las figuras que mantienen presencia activa en territorio; entre ellas, Karina Olivas. El resto parece más ocupado en ocurrencias o en la grilla interna que en responder a los temas relevantes del estado.
Ejemplo de ello es la propuesta de la diputada Arlene Moreno Maciel para cambiar el nombre de la “Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres” por “Rotonda de las Sudcalifornianas y Sudcalifornianos Ilustres”. Más allá del debate legítimo sobre lenguaje incluyente, la iniciativa evidencia una desconexión con las prioridades de fondo que tiene la entidad. Incluso ignorando a la Real Academia Española, que considera innecesario el desdoblamiento sistemático del lenguaje, al entender que el masculino genérico cumple una función inclusiva.
Así, entre gestos políticos, tensiones internas y propuestas que poco abonan al debate sustantivo, la escena pública sudcaliforniana sigue ofreciendo historias que, aunque parecen de ficción, reflejan con precisión la complejidad y a veces la frivolidad de la política local.

