FACTOR POLÍTICO / LA CHIQUILLADA: ¿REPRESENTACIÓN CIUDADANA O NEGOCIO POLÍTICO?

Por Luis Miguel Aragón

En Baja California Sur sí tenemos ofertas políticas, si de partidos se trata. Existen agrupaciones con registro local propio, como el Partido de Renovación Sudcaliforniana, el Partido de la Revolución Democrática, el Partido Humanista, Nueva Alianza, Fuerza por México y Movimiento Laborista.

También están los partidos nacionales con acreditación en el estado: Morena, PAN, PRI, PT, Partido Verde y Movimiento Ciudadano, además de las nuevas fuerzas políticas nacionales, como PAZ y Somos.

Pero, realmente, ¿qué representa la llamada “chiquillada” en una elección constitucional? Son esos partidos pequeños que, en muchos casos, apenas alcanzan el porcentaje mínimo de votos que exige la ley para conservar su registro.

La pregunta es: ¿son verdaderamente una opción de representación para ciudadanos y grupos minoritarios, o terminan convertidos en negocios familiares y proyectos personales de sus dirigentes?

Lo que sí está claro es que mantener este sistema de partidos le cuesta mucho dinero a los mexicanos. Tan solo para el proceso electoral de 2027, los partidos políticos de menor tamaño y las nuevas fuerzas políticas nacionales recibirán, en conjunto, cientos de millones de pesos en financiamiento público.

Para dimensionar el asunto, el Partido Verde tendrá alrededor de 1,192.7 millones de pesos, mientras que el Partido del Trabajo recibirá aproximadamente 967.1 millones. Por su parte, las nuevas fuerzas políticas nacionales, PAZ y Somos, arrancarán con alrededor de 251.3 millones de pesos cada una.

¿O acaso los pañalones del Partido Verde y los de la izquierda de caviar del Partido del Trabajo, han colaborado para que los mexicanos tengan una mejor calidad de vida o una democracia plena? Ya ni hablemos de los que elección tras elección aparecen con siglas nuevas, solo para hincharse de billetes.

Porque mientras los ciudadanos enfrentan problemas de agua, servicios públicos deficientes, carreteras en malas condiciones, altos precios de los combustibles y una canasta básica cada vez más difícil de pagar, los dirigentes partidistas viven en una realidad muy distinta.

Y para nuestra mala fortuna, en 2027 volveremos a verlos en la boleta. Algunos buscarán simplemente sobrevivir; otros intentarán convertirse en el fiel de la balanza. Y seguramente habrá quienes estén dispuestos a negociar con quien ofrezca más: candidaturas, espacios políticos, posiciones y recursos.

Al final, el ciudadano no vive de siglas, logotipos ni discursos de campaña. Vive de resultados.

Ya no queremos mantener ni a la “chiquillada” ni a las grandes franquicias políticas que aparecen elección tras elección prometiendo cambiarlo todo y terminan cambiando muy poco.

Lo que queremos es algo mucho más sencillo: agua, energía eléctrica, carreteras transitables, gasolina a precios accesibles, seguridad y una canasta básica que alcance para todas las familias.

Porque la democracia no se fortalece con más partidos en la boleta, sino con mejores representantes.

Y quizá ese sea el verdadero dilema rumbo a 2027: ¿cuántos partidos necesita el ciudadano y cuántos partidos necesita la clase política para seguir viviendo de la política?

La respuesta, como siempre, estará en las urnas.