BALCONEANDO / DE PRI A MORENA

Por Alejandro Barañano

 

Con cada nuevo triunfo, Morena refuerza la idea de que ese partido-movimiento es una suerte de NUEVO PRI, y aunque esta tesis es polémica e incluso debatible, sobre todo si queremos dejar atrás el simplismo que supone igualar dos instituciones tan diferentes en origen, historia y temporalidad, pueden parecer qué no son completamente diferentes.

Alguna vez GABRIEL ZAID escribió en el año 2014 que Morena era la cuarta etapa del partido entonces gobernante, esto después del PNR de 1929, PRM de 1938 y PRI  de 1946. Y me parece que no estaba muy equivocada su apreciación.

Como se sabe, el origen del PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL está fincado en la Revolución Mexicana y en su proceso de institucionalización que reguló a los militares con predominio regional y territorial. Luego llegó la conversión hacia un partido de masas incorporadas en sectores con una estructura corporativa; esa idea de LÁZARO CÁRDENAS se convirtió durante de MIGUEL ALEMAN en la institucionalización de aquel vetusto PRI.

Hasta aquí el origen, estructura y contextos produjeron una hegemonía gobernante, cuyo liderazgo político tuvo la capacidad de generar instituciones y establecer una “PAZ PRIÍSTA”, sin dejar de lado la parte de la coerción que se aplicó a los movimientos sociales como el de los ferrocarrileros, petroleros, médicos, el año de 1968 y la guerrilla.

Después vino la fase de cambios que se canalizaron a través de los espacios políticos con la reforma política de 1977 y el inicio de los procesos de transición democrática que escalan del espacio municipal a los congresos estatales. Luego nos vamos a las gubernaturas y al Congreso de la Unión hasta llegar a la PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA en el año 2000.

Entonces el PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL pasó de hegemónico a partido dominante y se integró en un sistema plural de tres grandes fuerzas: PRI, PAN y PRD. Tanto el panismo como el PRI en el 2012, se movieron en un régimen de gobiernos divididos y con repartos plurales de votación.

De ahí vino la sucesión presidencial del 2018 y el triunfo de Morena regresando a los GOBIERNOS UNIFICADOS que hubo hasta 1997, esto con una mayoría parlamentaria y con una figura presidencial fuerte y legitimada en una amplia votación.

Luego entonces la DERROTA OPOSITORA se profundizó y la respuesta fue una extraña alianza de los viejos partidos con rivales históricos, mismos que en el año 2021 lograron algunas posiciones importantes y dejaron a Morena SIN MAYORÍA CALIFICADA en la cámara baja del Congreso de la Unión.

Pero de 2018 al 2023, Morena junto con sus partidos satélites coaligados lograron llegar a 23 gubernaturas, con lo cual ha mantiene un control político y territorial del 70 por ciento del país, niveles que tenía el PRI en los años noventa cuando las oposiciones empezaron a ganar algunos estados, es decir, el momento en donde el PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL se volvió un partido dominante que tenía que competir por el poder en un territorio que cada vez era más plural.

Hoy en día Morena compite y su dominio logra avanzar de forma consistente, y aunque no se trata de un partido tradicional, si es una mixtura de partido y movimiento social con un fuerte liderazgo presidencial y metido en un proceso inacabado de institucionalización.

Cabe decir que tampoco es un partido de élites o cuadros, -a pesar de que los tiene- ni tampoco es el viejo PRI de sectores. Es el partido gobernante que dice llevar adelante el proyecto de gobierno que ha marcado ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR con todas sus contradicciones y sus aciertos. No más no menos.

Finalmente podemos decir que la MIGRACIÓN DE TODOS LOS PARTIDOS a Morena es enorme, incluso ya desplazó al viejo priismo a pesar de las diferencias de origen y de historia, y aunque no es el viejo PRI, sí es el nuevo partido dominante como veremos ahora en la precampaña que recién empezaron aunque estas haya sido de manera ilegal. ¡Veremos pues que es lo que sucede!; por lo que mejor quien esto escribe seguirá BALCONEANDO. . .