FACTOR POLÍTICO / ¿A QUÉ HORA TRABAJAN?


Por Luis Miguel Aragón

 

En Baja California Sur, desde hace un par de meses, vivimos inmersos en una dinámica constante de precampañas protagonizadas por funcionarios municipales, estatales, legisladores locales y federales, quienes aspiran —según sus propios discursos y eslóganes— a “seguir sirviendo a la gente”.

Sin embargo, la gran mayoría, por no decir todos, ocupa actualmente una responsabilidad pública que implica servir a la población y rendir cuentas claras a quienes confiaron en ellos para cumplir y hacer cumplir las leyes que rigen la administración pública.

La pregunta inevitable es: ¿a qué hora trabajan? A los presidentes municipales se les observa, un día sí y otro también, inmersos en actividades de corte proselitista. Lo más preocupante es que algunos incluso realizan estas acciones fuera de su jurisdicción, en municipios que no les competen. Y no es una suposición: basta revisar sus propias redes sociales.

Hay quienes no cuentan con presupuesto suficiente o con los respaldos políticos necesarios para recorrer todo el estado, pero aun así difunden actividades que poco o nada tienen que ver con las funciones propias de su encargo.

En el caso de los legisladores locales, resulta evidente su inclinación por asistir a eventos con alta concentración de personas. No importa si su participación se limita a saludar y tomarse la fotografía, especialmente cuando aparece algún aspirante a la gubernatura.

Por su parte, los legisladores federales cuentan con una jurisdicción más amplia, lo que les permite realizar gestiones en extensas regiones de la entidad. Pero esa misma amplitud implica una mayor responsabilidad. Algunos se muestran activos y presentes; otros, en cambio, parecen limitar su agenda a transitar entre la cámara, la oficina partidista y su domicilio. Algunos de estos, se han olvidado que el compromiso es con los ciudadanos, no con las cupulas del poder y las franquicias partidistas.

Al final del día, la política no puede reducirse a una carrera anticipada por el poder mientras las responsabilidades públicas quedan en segundo plano. Gobernar no es hacer campaña permanente, sino responder con resultados a la confianza ciudadana. Porque más allá de discursos, recorridos y fotografías, la verdadera evaluación llegará en las urnas… y ahí, la memoria de los ciudadanos suele ser más puntual que cualquier agenda política.